ALOCUCIÓN TELEVISIVA POR LA VISITA A CUBA DE SU SANTIDAD BENEDICTO XVI
Queridos hermanos y hermanas:
Doy gracias a la Televisión Nacional por encontrarme nuevamente con Uds. a través de este privilegiado medio de comunicación. Me dirijo por igual a católicos y a no católicos, a creyentes y a no creyentes, a todo hombre y mujer de buena voluntad. A finales de diciembre, junto a la tradicional felicitación por las fiestas de Navidad y Año Nuevo, les invité a participar en el Año Jubilar Mariano con motivo de la celebración de los 400 años del hallazgo y presencia de la imagen de la Virgen de la Caridad en nuestra historia y, además, les anuncié próxima visita a nuestro pueblo e Iglesia de Su Santidad, el Papa Benedicto XVI. Estos acontecimientos están muy relacionados entre sí pues, precisamente, el motivo principal de la visita del Papa a Cuba es participar en las celebraciones por el Año Jubilar.
He querido hablarles desde la Basílica Santuario Nacional de nuestra Señora de la Caridad del Cobre y desde su propio Camarín, para estar lo más cerca posible de su bendita y venerada imagen. Pues, como dice un sacerdote santiaguero: "¿Quién como María de la Caridad representada en esta pequeña y hermosa imagen ha conocido los gozos y esperanzas, las angustias y tristezas de nuestro pueblo cubano en sus últimos cuatro siglos? ¿Quién mejor que ella ha sido confidente y amiga, consuelo, fortaleza y esperanza en tan largo caminar como pueblo? ¿Quién más maternalmente que ella ha enjugado tanta lágrima cubana? ¿Quién si no ella ha vibrado más intensamente con las ansias de mejoramiento humano, justicia y libertad para nuestra Patria? A nadie como ella se le han revelado los sentimientos, los anhelos más íntimos que han albergado los corazones de infinidad de cubanos que se han postrado ante su imagen bendita, a lo largo del tiempo, en su Santuario de El Cobre. No habrá nunca historiador que pueda registrar los diálogos de filial amor con aquella que han sentido tan cercana, tierna y solidaria. (RP. Jorge Catasús Fernández)
Sí hermanos, por estos motivos tan nuestros y de tanto significado espiritual es que la misa que presidirá Su Santidad Benedicto XVI en Santiago de Cuba comenzará con la entrada de la imagen de la Virgen de la Caridad que, desde su altar del Cobre y de manera excepcional, llegará hasta la Plaza Antonio Maceo para estar más cerca de todo el pueblo cubano, representado allí por peregrinos de todas las provincias, de los cubanos que viven fuera de Cuba y mayoritariamente, sobre todo, por el pueblo santiaguero. En la misa de La Habana estará presente nuevamente, llegada desde la Iglesia de Santo Tomás en Santiago de Cuba, la imagen de la Virgen Peregrina que con tanta devoción fue acogida en las calles y plazas de la ciudad de La Habana y que será llevada, en multitudinaria y devota procesión, desde la Catedral de La Habana hasta la Plaza José Martí.
Esta visita del Santo Padre a Cuba tiene su historia. A mediados del año 2008, cuando comenzábamos los preparativos para celebrar el Año Jubilar, los obispos cubanos, en la visita que cada cinco años debemos realizar al Santo Padre, le llevamos como regalo, una imagen de bronce de la Virgen de la Caridad con el deseo de que fuera expuesta a la devoción de los fieles en el Vaticano. Él acogió la imagen y la bendijo en presencia nuestra. En esa circunstancia y uniéndonos al deseo de muchas personas, de manera oficial y también personalmente invitamos al Santo Padre para que realizara una visita apostólica a nuestra tierra durante el Año Jubilar, y así participara de nuestro gozo, nos confirmara en la fe, fortaleciera nuestra esperanza y nos animara a ser generosos en la caridad. Acogió con simpatía la petición pero nos dijo que todo lo ponía en las manos de Dios. En estos momentos, hermanos y hermanas, Su Santidad está en tierra mexicana dando inicio a este histórico viaje por América Latina que lo traerá a nuestra Patria.
Hace una semana, su eminencia, el cardenal Jaime Ortega, nos hablaba de la misión de servicio del Papa en la Iglesia y en la sociedad. El Papa Benedicto XVI es sucesor del apóstol san Pedro, a quien Jesús puso al frente de los apóstoles pidiéndole que cuidara de su Iglesia. Según palabras de Jesús, Pedro es la roca sobre la cual se edificaría la Iglesia. Él y sus sucesores son garantía de la unidad y de la fe y tienen la primacía de la caridad en la vida de la Iglesia. Los dos fueron escogidos por Dios para desempeñar este delicado servicio: Pedro era un pescador impetuoso y apasionado; Benedicto XVI es un hombre de nuestro tiempo, ningún tema de actualidad le es ajeno, sencillo y cercano, profesor, teólogo y pensador, defensor de la fe y pastor. Capaz de expresarse con claridad y hacer pensar a todo el que lo escucha o lee. Pero, al igual que Pedro, con un gran amor por Jesucristo y por su Iglesia y una gran pasión por dar a conocer a Jesucristo que es el Camino, la Verdad y la Vida.
Benedicto XVI viene a Cuba hasta el Santuario de El Cobre a venerar a nuestra querida Madre y Patrona, a encontrarse con nuestro pueblo pues sabe que la casa de la Virgen es la "Casa de todos los cubanos". De ahí que su entrada a Cuba será por Santiago para significar el motivo principal de su visita. Él hubiera querido que la Santa Misa se celebrara en El Cobre pero, al no tener condiciones allí para acoger a tantas personas que desearían estar presentes, decidió celebrarla en Santiago de Cuba. Para nosotros esto constituye un motivo de júbilo pues significa que nos tiene presentes, que conoce nuestra realidad y que quiere unirse a nuestra alegría celebrando con nosotros la fiesta de la Anunciación de la Virgen María en el Santuario del Cobre. Fiesta en la que celebramos la encarnación del Hijo de Dios, Jesucristo en el seno de la Virgen María.
Al igual que hicimos durante el recorrido de la Virgen Peregrina, hemos querido poner bajo el amparo maternal de María de la Caridad esta visita. Por tal motivo invitamos a todos los cubanos a participar en el recibimiento y en las misas que se celebrarán en Santiago y La Habana y, a seguir por la Televisión Nacional el martes 27, cuando él llegue al Santuario del Cobre a orar ante la imagen de la Virgen y le ofrezca un cirio encendido tal como hacemos los cubanos. Les invitamos a disponer nuestros corazones a la escucha de la Palabra de Dios que el Santo Padre viene a predicarnos y a dejarnos iluminar por ella, para así, poder conocer mejor a Jesús, el Hijo de María, nuestro único Salvador, y para, como hijos de una misma tierra, sepamos buscar entre todos, en un ambiente de comprensión y respeto, de compasión y reconciliación, el bien de todos. Por estas intenciones tan queridas por nuestro pueblo ofrecerá el Santo Padre la misa. Si sembramos desde hoy en nuestros corazones estos propósitos podremos en un futuro hacer realidad lo que tanto hemos pedido durante el recorrido de la Virgen Peregrina: Que la Virgen de la Caridad nos lleve a su Hijo Jesús y que una a los cubanos, respetando las diferencias, en la búsqueda de un futuro mejor para todos. Recordemos que sólo la caridad nos puede unir.
El Papa viene a Cuba como Pastor de la Iglesia Universal. Pero, también el Papa es Jefe del Estado de la Ciudad del Vaticano y, como tal, ha sido invitado oficialmente por el gobierno cubano. Es decir él realizará una visita Apostólica que será oficial por ser Jefe de Estado, por lo tanto tendrá que tendrá compromisos oficiales. El gobierno cubano, a su vez, está organizando el recibimiento tal como tradicionalmente lo ha hecho para recibir a otros jefes de estado que han visitado oficialmente a nuestro país.
Como les hablo desde Santiago de Cuba, puedo decirles que hay entusiasmo y expectativa. Con mucho esfuerzo se han remozado calles, casas y los edificios que acogerán al Santo Padre. Se ha construido un digno altar en el monumento a Antonio Maceo donde se celebrará la misa, que es de la admiración de todos. En La Habana se trabaja de igual manera. No cabe la menor duda de que le daremos un recibimiento con el calor humano que caracteriza a nuestro pueblo. Porque estamos seguros que nos encontraremos con alguien que nos trae la Buena Noticia de Jesucristo y que escucharemos de parte de él palabras de ánimo, esperanza y reconciliación que tocarán nuestra conciencia y, si nos dejamos llevar por ellas, nos ayudarán a construir en paz, algo que todos deseamos, el futuro de nuestras familias y el de todos los cubanos. ¡Bendito el que viene en nombre del Señor!
A los pies de María de la Caridad me despido y les imparto la bendición.
En el Nombre del Padre, y del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.




