LA VISITA DE BENEDICTO XVI
¡Vino y ya se fue! Qué rápido ocurrió todo…
Y en el antes, durante y después ¡Cuántos comentarios se generaron en torno a la visita de su Santidad Benedicto XVI!
Los que se negaban a ella argumentaban que se violaba el estado laico, otros más alegaban que su visita perseguía fines políticos, hubieron los que decían que el Papa era nazi y otros más no cesaron de compararlo con el Papa Juan Pablo II, comentando que a este Papa le falta carisma y las cualidades que tenía su antecesor.
Pues bien, la visita del Papa en realidad respondía a la atenta invitación que reiteradamente le hiciera nuestro Presidente de la República, y su objetivo era confirmar en la fe a los que profesamos la religión católica, que en México es mayoritaria (85% según INEGI)
La situación de la violación del estado laico, al parecer sólo intenta confundir a los ciudadanos, porque en nuestro país tenemos el derecho constitucional fundamentado en el artículo 24: “Todo hombre es libre para profesar la creencia religiosa que más le agrade…El Congreso no puede dictar leyes que establezcan o prohíban religión alguna…”
Por estado laico se entiende que el País es independiente de cualquier confesión religiosa, que no puede existir una “religión de estado” y que no apoya, ni favorece, prohíbe o ataca a ninguna religión o asociación religiosa y que todos los ciudadanos serán tratados por igual, sin importar su credo.
Lo que violaría el estado laico, sería justo lo contrario, prohibir la visita de cualquier representante de alguna religión o culto, sea católico, budista, tibetano o cualquier otro.
Que la visita tenía fines políticos, ¡que absurdo! El Papa jamás, en ningún país invita a votar por algún partido.
Si nos ponemos estrictos, la agenda del Papa es muy diversa de la agenda política de los diferentes países que visita, en estos siempre existirán asuntos particulares que nada tienen que ver con el Vaticano, el Papa acude con un mensaje pastoral que dicho sea desde Roma o en el país visitado siempre es el mismo, ya que se ciñe a la verdad que encierra el Evangelio.
Lo mismo lo pueden escuchar los católicos o cualquiera que quiera ya que su discurso no violenta a los que buscan el bien común, la solidaridad o la justicia.
El Papa nos viene a hablar del amor, de la esperanza, de la conversión, de la reconciliación y de la búsqueda de la verdad.
El mismo dijo que venía como un Mensajero de Paz, dedicándole a los niños de México una especial atención, les dijo: “ustedes ocupan un lugar muy importante en el corazón del Papa”, Se compadeció de aquellos que soportan el peso del sufrimiento, el abandono, la violencia o el hambre y nos lanzó la invitación a todos para proteger y cuidar de ellos y así puedan mirar con confianza el futuro.
Hizo un llamado a los mexicanos a proteger y defender la vida humana, pidió por los que padecen a causa de la pobreza, la corrupción, la violencia doméstica, el narcotráfico, la crisis de valores o la criminalidad.
Pidió también por el consuelo de aquellas familias que se encuentran divididas o forzadas a la migración.
¿Acaso se metió con estos mensajes con la vida política del País? En realidad no es que lo haya hecho, ya el Secretario de Estado Vaticano Tarcisio Bertone había dicho que tanto la Iglesia como el Estado tienen una tarea común, cada uno desde su misión específica, debe salvaguardar y tutelar los derechos fundamentales de las personas.
Resultó por demás ocioso comparar al Papa Benedicto XVI con el Papa Juan Pablo II, en ningún momento el Papa Benedicto ha querido calzar las sandalias de su antecesor, el sabe lo importante que fue para los mexicanos y el cariño que le profesábamos, antes bien con toda humildad en sus mensajes hacía referencia a Juan Pablo, poniendo de manifiesto su reconocida admiración hacia nuestro pueblo.
El actual Vicario de Cristo no tendrá el carisma del que le antecedió, pero si que tiene grandes virtudes, claridad de ideas, agudeza intelectual y sensibilidad; no en balde se le considera uno de los grandes teólogos de nuestra época.
Finalmente la respuesta de los mexicanos no se hizo esperar, tantos congregados a lo largo del recorrido en el papamóvil para darle la bienvenida, tantos acudiendo al saludo de los niños, o a la Santa Misa, en dónde jóvenes, niños o adultos le demostraron con nuestra particular forma festiva –con cantos y mariachis- el aprecio de este pueblo.
Al final portando el sombrero de charro nos agradeció el cariño recibido, la respuesta: “Benedicto, hermano, ya eres mexicano”




